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La antigua Facultad de Farmacia que se libró de los bombardeos por mediación de José Giral

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La sede de la Real Academia Nacional de Farmacia (RANF) ocupa el edificio de estilo neoclásico proyectado por Pedro de Zengotita Vengoa en e...

La sede de la Real Academia Nacional de Farmacia (RANF) ocupa el edificio de estilo neoclásico proyectado por Pedro de Zengotita Vengoa en el siglo XIX. Un inmueble levantado para albergar el Real Colegio de Farmacia y posteriormente la Facultad de Farmacia, hasta su traslado a la Ciudad Universitaria. Antaño calle de San Juan, fue precisamente por la universidad que esta vía madrileña en la zona de Chueca cambió su nombre a calle Farmacia, que mantiene actualmente. Una calle estrecha que no permite visualizar como se merece el edificio hoy considerado Monumento Bien de Interés Cultural. Fueron los farmacéuticos españoles quienes lo adquirieron en 1827, con ayuda de una suscripción popular, y en él comenzó la docencia en 1830. Muchos de los artículos que se usaron en esas primeras aulas siguen guardados en vitrinas ahora expuestas dentro del inmueble. En 1943 la Facultad de Farmacia comenzó su traslado hasta su actual emplazamiento en la Ciudad Universitaria y en 1947 los antiguos locales de la facultad fueron cedidos a la Real Academia de Farmacia. Para hablar de esta institución hay que remontarse a 1737, cuando Felipe V aprobó los estatutos del Real Colegio de Boticarios de Madrid. «Con su establecimiento, los Borbones daban satisfacción a una vieja inquietud de los farmacéuticos madrileños, mediante una institución a medio camino entre las viejas estructuras sanitarias gremiales, implantadas desde muy antiguo en el Reino de Aragón, y los nuevos centros de innovación científica, sin por ello minar el poder del Real Tribunal del Protomedicato, institución creada por los Austrias y mantenida por los Borbones en el epicentro de su actividad de control sanitario», cuentan desde .la RANF. A lo largo de los siglos posteriores fue cambiando de denominación hasta recuperar en el 2003 la actual, Real Academia Nacional de Farmacia, con ámbito de acción sobre todo el territorio nacional. Tiene como fines fomentar la investigación y el estudio de las Ciencias Farmacéuticas y sus afines, asesorar al Gobierno y elaborar informes o dictámenes sobre las materias que le son propias. Para cumplir su cometido se reúnen cada jueves por la tarde sus académicos, «como hacían las primeras congregaciones de farmacéuticos», explica a ABC Manuel, secretario de presidencia Con un máximo de 50 académicos, ahora la RANF la componen 44, un cargo vitalicio. Para ser nombrado académico y ocupar una vacante los candidatos deben ser doctores y se valora su currículo además de necesitar estar abalados por otros tres académicos. Un total de 38 medallas se destinan a farmacéuticos y otras 12 para ciencias afines como Biología y Química. Son cargos por los que no son remunerados, a excepción de una dieta por cada día que se desplazan a la Academia. «Existen seis secciones científicas y se realizan sesiones sobre diferentes materias», añade el secretario. En el 2018 se celebró en esta casa la inauguración del año académico de todas las Reales Academias de España, acto presidido por el ey Felipe VI. Su actual presidente, Antonio Luis Doadrio Vilarejo, académico correspondiente desde 1984 y de número desde 1999, lleva seis meses en el cargo aunque ya son los 18 los años que está en la Junta Directiva. «En esta institución hay mucho que hacer porque existen problemas económicos graves y es necesario el contacto con las empresas que puedan financiar el trabajo y así garantizar la calidad del comité científico», explica a ABC. Y es que el presupuesto de 900.000 euros que tenían en 2010 se ha ido reduciendo hasta los 250.000 euros en el 2019, razón por la cual se ha pasado de 14 a 6 empleados. Reivindica su misión, «asesorar al Gobierno» y aunque reconoce que en los tiempos de postguerra la RANF estuvo muy politizada, «aquí no se habla de política», defendiendo su independencia. También se enorgullece de ser la Real Academia con más mujeres entre sus académicos, 9 en total, entre ellas la muy premiada María Vallet. Biblioteca y Museo El mantenimiento de este edificio resulta laborioso y costoso. Son tres pisos en el que se encuentra un auditorio, el salón solemne, el salón de los espejos, la biblioteca, el archivo y el museo, entre otras dependencias. En 1987 es cuando se llevó a cabo una importante remodelación del espacio aunque las obras habían sido continuas desde que la academia se trasladó al edificio, dado su mal estado. Actualmente decoran las paredes cuadros cedidos por el Museo del Prado y la Real Academia de Bellas Artes. La biblioteca cuenta con unos 15.000 volúmenes, siendo los más antiguos del siglo XVI. Está abierta no solo a los académicos sino también a los farmacéuticos, investigadores y estudiantes de Farmacia. Guarda libros de Farmacia, Medicina y otras ciencias, además de revistas especializadas. Entre los volúmenes más curiosos se encuentran dos herbarios, uno de ellos de 1805, en el que se conservan las plantas recogidas en la época en los alrededores de Madrid, muchas de ellas ya inexistentes. Otra de las salas más tradicionales es la del café y el té, «donde nos reunimos los académicos antes de las reuniones», indica el presidente. Así como la sala en la que se encuentran los retratos de los presidentes de la academia, siendo Toribio Zúñiga el primero de ellos. Y el Museo que fue creado en el siglo XIX y en 1994 se instaló en la sede de la RANF. La pieza más llamativa es una botica de estilo neogótico que perteneció a una farmacia en la calle Príncipe 13. Isidoro Sanz la adquirió y se la llevó a su pueblo en donde estuvo hasta 1946. Gracias a sus familiares se puedo comprar por un millón de pesetas y fue restaurada. Con esta pieza se dio inicio al proyecto del museo. En él se encuentran documentos históricos como el firmado por Felipe IV en 1650 en el que declara a la Farmacia como un Arte Científico. En museo cuenta también con una sala de arte japonés, con piezas donadas por un magnate asiático que se las quiso regalar al rey Don Juan Carlos y acabaron en este museo. Entre las historias que se cuentan del edificio está la de la Guerra Civil. El químico farmacéutico José Giral, ministro de Marina y amigo personal de Manuel Azaña, fue también académico de esta casa. «Al comenzar el conflicto se fue pero antes de hacerlo pidió que no se lanzasen bombas a la Facultad», cuenta el secretario de presidencia de la RANF. Y así fue, no cayó ninguna bomba en este edificio.
by via España

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La antigua Facultad de Farmacia que se libró de los bombardeos por mediación de José Giral
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